Muchas batallas se han librado en las puertas de su castillo pero ¿Fue ésta la peor?
Lilith habría luchado contra seres temibles, capaces de arrancarle la cabeza de un poco fortuito golpe o de desintegrar su espíritu hasta hacerla sentir nimia, pequeña e insignificante.
No obstante, ésta seria la peor batalla de su vida. Los seres a los que ahora se enfrentaba eran mucho más que fuerza física, destreza o poder mágico; ahora se enfrentaba a cuatro criaturas que la pondrían a prueba de la manera más cruel posible.
Un noche lluviosa, iluminada por rayos de luna que, esquivando cada gota de agua, relucían en las ventanas del castillo de la pequeña princesita. Ni un soplo de aire movió la cabellera negra de Lilith mientras acudía a la batalla y allí, al otro lado del puente sus cristalinos ojos pudieron ver las cuatro sombras de sus enemigos.
La princesa lo sabia, sabia que no atacarían a la vez, demasiado arrogantes eran las cuatro para trabajar en equipo pero eso es algo que agradecería más tarde. O no..
La primera criatura. Oh si! Había leído mucho acerca de aquel ente. ¿Su habilidad? Veréis, la suya era una habilidad difícil de superar, podía hacer que cualquier individuo se olvidara de sus virtudes y disfrutaba provocando esa especie de amnesia selectiva. No por nada se hacia llamar Inseguridad.
Una vez ésta se hubo acercado Lilith no dudo en defenderse ocultándose tras su escudo y activando el amuleto de su anillo. Inseguridad atacó. Abrió sus ojos absorbiendo toda idea de virtud a su paso. Las plantas se secaron, los lobos aullaron y cayeron al suelo creyendo que su espíritu había desaparecido por completo. ¿Que posibilidades tenia de no caer en el maleficio usando solo un amuleto y un escudo?
Bueno...cabe decir que las armas de Lilith no eran cualquier arma de guerra. La princesa les había otorgado dones, pedazos de ella misma, sus armas eran ella y ella era sus armas. A su escudo lo llamó Confianza, confianza en los demás y en la existencia de la bondad. Éste la cubrió de luz y la encerró en un cúpula aislándola del exterior y, por supuesto, del ataque de Inseguridad. De su anillo solo os diré que ella lo llamó Orgullo, capaz de distribuir la luz producida por el escudo de Lilith hasta el último rincón de aquella extensión. Bah, no había sido difícil, ni se había movido del sitio.
Al ver esto, los tres seres restantes atacaron en grupo, algo totalmente al margen de la imaginación de la pequeña.
Uno de ellos, Duda. Duda era veneno, erosión, desgaste, atrofia y, sobretodo, una gran amante de sus pequeños dardos venenosos los cuales también habían adquirido un nombre, un nombre que solo oírlo era capaz de envenenar cualquier mente: "¿Y si?"
El segundo y el tercero formaban una extraña pareja, es decir, era como si Temor cocinara las finales víctimas de Ira.
En ese momento ella se dio cuenta de que ésta no sería una batalla cualquiera. El escudo cedió y los dardos penetraron en su armadura, rasgando su piel y envenenando su alma. Temor clavó su lanza en un hombro y la arrastró hasta los pies de Ira que lamió la sangre que goteaba de la herida, alimentándose del calor que la rabia había otorgado a la sangre de Lilith y, así, simplemente bebió de ella arrebatándo la vida de la dueña de aquel castillo.
Lilith vio la desesperación llamar a la puerta de su castillo. ¿Iba a dejar acaso que esos seres entraran en el castillo que ella misma había construido durante nueve meses? No...
De un movimiento certero consiguió desprenderse de la lanza de Temor y huir de las fauces de Ira. En el momento en que Duda quiso volver a lanzar una ráfaga de dardos ella esquivó las agujas y logró situarse en la posición adecuada para recuperar su escudo que aguantaba los lanzazos, activar su anillo y, además, usar su colgante Esperanza que curó sus heridas y le dio la fuerza adicional que usó para ensartar a las tres criaturas en Amor, su espada, el arma más poderosa que había adquirido.
Los cuatro sentimientos no murieron dado que, como todo el mundo sabía, eran inmortales...
En vez de eso huyeron pero no sin una promesa, la de volver a intentar invadir el corazón y castillo de Lilith a lo que la princesa contestó que ninguno de ellos podría ni siquiera agrietar las paredes del castillo mientras ella y su espada defendieran las puertas del corazón que Lilith había entregado al príncipe que se sentaba en su trono.
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